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viernes, 6 de octubre de 2017

Las injusticias de entonces... y las de ahora (en la cárcel de Uclés) - Memorias de Isidora Pérez Araque (3)



¿Por qué tienen que cargar los hijos con los hechos y responsabilidades de los padres? 

por Fabián Castillo Molina






La siguiente entrega tiene una carga especial de sentimientos y es más delicada que las dos entregas anteriores. Por tanto se advierte que debe leerse más despacio (“como beben agua las gallinas”, según decía Enrique Tierno Galván). Debe leerse pensando realmente en las palabras de Isidora y el sentimiento que toda su vida ha tenido presente sobre las injusticias sufridas. Trata del dolor intenso que causa el comportamiento de la sociedad y los injustos tratos infligidos a los menores como consecuencia del proceder de los padres, aunque la causa fuera justa y legítima. Si al final fueron los perdedores…

Memorias de Isidora Pérez Araque 

Capítulo tercero 

Las injusticias de entonces y las de ahora 


Palabras casi literales de Isidora: 

—¿Qué tiene que ver lo que hicieran nuestros padres pa que nos trataran… como si fuéramos… como si tuviéramos la lepra. No les juntéis que está su padre preso. No la queráis que no… y mi madre decía, pobrecita mía…: 

—Hijas mías no salgáis a la calle que to la gente los habla mal. No salgáis, que no… 

—Una injusticia tan grande, una injusticia… y una impotencia tan grande. Porque, a ver, ahora mismo mis hermanas, pobrecitas mías, cuando las pelaron al cero a mi hermana Luisa, que tenía entonces siete años y a mi otra hermana, Lina, que tenía cinco… y las pelaron al cero y les dejaron arriba como un acho, como un moñito, y les pusieron a las dos un lacito rojo, así en la cabeza… pa marcarlas… y no fue a ellas solas…, luego, para remate las pasearon por el pueblo con un tambor delante, para que la gente saliera y las viera. Estaban en el Auxilio Social que había en el pueblo, en la casa de Mendizábal, y allí la encargada que había, las señalaban, decía a esta sí, a esta no, a esta tamién… Llamaba a la peluquera, que era la Juliana la “Minaya”que estuvo casá con Bernardo Minaya, pero antes su marido primero era uno que le decían Almansa, y vivían enfrente de anca el Sastre. Unas barbaridades tan grandes… ya digo que los padres… hicieran o no hicieran, o lo que sea, pero es que los chicos, ¿qué culpa tienen los chicos? ¿Qué culpa tiene una criatura de venir al mundo y no tener padres reconocíos? y a qué viene escuchar que le digan “no lo juntéis, porque no tiene padre… o no vayáis con él que su padre está preso”. Y es que teníamos una mente tan sumamente… cerrá, o yo no sé qué pensar. Éramos entonces en mi casa seis, tres hermanas y tres hermanos, mi madre la pobre solo tenía la ayuda de mi abuela, mi padre en la cárcel. 

Yo no he regañao mucho, pero mi hermana Luisa; mi hermana Luisa es que se enganchaba con Dios y su madre. Porque estaban jugando en el Pozo Nuevo, por allí, por donde vivíamos, claro, y uno que le decían Quico “Calabacilla” le dice, no sé qué le dice… y ella le pegó o no sé qué, y sale su madre y le dice: 

—Ven hijo mío, que de mala sangre malas morcillas, y no te juntes con ella, que de mala sangre malas morcillas —. Mira…, mi Luisa que le dicen eso… se engancha en la mujer y ya le sacaba los ojos, y dice:

—Pero, tía sinvergüenza, ¿por qué yo tengo mala sangre? ¿Porque esté mi padre en la cárcel tengo yo mala sangre? A lo mejor la tengo mucho mejor que usté. 

Es que… nosotros desde luego…, yo sé que hubo gente más castigá, que nosotros porque les han matao…, bueno, mi padre estuvo nueve meses con pena de muerte… y el día que le levantaron la pena de muerte a mi padre, mataron allí a Gabriel Mena, allí mismo, en Uclés, a Pablo el Trueno, que era sófer de don Paco Molina, a “Belmonte” ¿y a quién mataron más? Mataron a cinco, y a mi padre… Cuando yo fui con mi madre allí, bajé al sótano, el día de la Mercé en Uclés, los tenían…, tenían a dos mil tíos en un sótano… cagándosen y meándosen, con perdón de la palabra, en el mismo sitio y llegaba el este de la orina hasta aquí (señala Isidora con la mano una altura de treinta centímetros), y había una escalera así a la derecha, y llegó a la prisión un tío de esos que mandaban y dijo: "Faltan dos mil tíos, ¿dónde están?" Y lo bajaron, y dijo que eso no era humano, que al que tuvieran que matar que lo mataran, pero que así no podían vivir. Y cuando a mi padre lo nombraron para levantarle la pena de muerte…, que luego pasó lo que nadie sabe. Cuando el funcionario leyó Julián Pérez Izquierdo…, date cuenta que a los otros los nombraron para fusilalos y al último que nombraron, a mi padre, y fue pa levantale la pena de muerte…, pero a los otros los iban nombrando y sabían que iban a las tapias… y claro, yo qué sé, yo qué sé…

Capítulos anteriores:

Capítulo 1
Capítulo 2

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