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miércoles, 28 de agosto de 2013

Labores en el cultivo del ajo en Las Pedroñeras (9) - Lo que ha ido cambiando con el tiempo (1)

Cortando ajos en la bodega del hermano Aurelio; a la derecha, mi madre

Repasando textos ya publicados en la edición en papel de mi Jardín de curiosidades sobre el ajo, continúo con las antiguas y modernas labores en el cultivo del ajo en Pedroñeras; de modo que, si en entradas anteriores hablamos de la la preparación de la tierrael esgorollela siembracavar ajos,  la escarda, el espalotecoger y atar y hacer ristras u horcas, ahora os ofrezco una primera entrega de todos aquellos cambios que se han producido en las últimas décadas respecto a la manera tradicional de cultivo y manipulación del ajo en Pedroñeras.




Cortando ajos en el almacén del Ángel el Fraile (mi hermana Delfi y mi prima Cristi; brocero Manolo, mi hermano)


Los ajos fueron en aquellos años el sustento del pobre, junto con el azafrán y los productos sembrados en las vegas (las patatas, las habichuelas...). El aumento de la producción llegó en los años 70 (aunque la cooperativa San Isidro ya había sido fundada una década atrás, en 1963), cuando los ajos dejaron de cavarse y empezaron a asurcarse. Esto supuso un avance muy importante. Se comenzó a realizar en un primer momento esta labor de asurque con el garabato, y la mula tenía que caminar entre los hilos. Pero, como dijimos, la reja de este arado era demasiado estrecha y los lomos se endurecían, de modo que los ajos no hacían cabeza, no engordaban. Pronto se adaptó al garabato, a ambos lados de la reja, un artilugio conocido como toro, que constaba de dos ganchos con los que se conseguía dar más labor a los costeros. Ya hablamos de cómo surgieron en estos años otros tipos de ganchos con los que se conseguía incluso llevar tres surcos a la vez. Pero la auténtica revolución llegó en los años 80, cuando la mula se abandonó por unos pequeños tractores (casi todos de la marca Astoa) que, arrastrando un pequeño arado, convertían el asurque en una tarea mucho más cómoda y rápida. 

El abonado de la tierra también fue cambiando. Ya en los años 50 y 60 comenzó a llegar al pueblo el abono en sacos de 100 kilos, con lo que se evitaba el desplazamiento a Villarrobledo y se podía adquirir aquí en determinados almacenes de particulares y en el de la cooperativa. El tamaño del saco se rebajó, asimismo, con el tiempo hasta los 50 kilos, pues de esta manera se hacía más manejable para el agricultor. Desde los años 60 comenzó a usarse para el alimento de la tierra el amoniaco y el nitrato de Chile (éste, sobre todo, para el abonado de primavera en los lugares donde la cosecha estaba más floja). Y es a partir de los años 80 cuando se introduce también la maquinaria en el abonado, de modo que la abonadora (que se lleva en la parte trasera del tractor) sustituye definitivamente a la faena de tirar el abono a mano.



El aumento de producción hizo también que, a partir de los años 70, los ajos no se trajesen a casa el mismo día en que se cogían. De este modo, ya no iban dejándose en montones, sino que los manojos se irían disponiendo sobre la tierra (y a lo largo de un surco) en carellanas, que permitían que las ricias del último manojo que se dejase fueran tapando las cabezas del manojo anterior para evitar que se soleasen. Sobre las últimas cabezas del último manojo de cada carellana se solía echar un poco de tierra con la azada para que éstas quedasen igualmente resguardadas del sol impío. 

Más aún, es en los 70 cuando comienzan a aparecer los tractores y remolques que sustituirán definitivamente al carro en el transporte de personas, herramientas, mercancías y productos. Se empieza también a extender por estas fechas el uso de todoterrenos (Land Rover, sobre todo), pequeños camiones y furgonetas (casi todas de la marca D.K.V., cuyo nombre quedará fijado, por metonimia, para designar a cualquier vehículo de este tipo). El regadío iría sustituyendo al secano y se comenzará a regar con agua extraída de ríos y pozos hechos a propósito, con tubos primero y hoy en día sobre todo con coberturas, pívots y cañones, lo que favorecerá la extensión y proliferación inmoderada de ajares.

©Ángel Carrasco Sotos

2 comentarios:

  1. ¡No conocía este blog! Muy interesante el artículo. Le voy a dar una lectura a algunos artículos de por aquí, tienen buena pinta. Un abrazo.

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    1. Es mi blog alternativo (el caso es no parar, master, jaja). Un abrazo.

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