El texto que os transcribo más abajo pertenece a una publicación periódica que funcionó entre los años 1797 y 1808. En concreto, este número, el 72, lleva fecha de 17 de mayo de 1798. Se llamaba Seminario de agricultura y artes dirigido a los párrocos y pretendía la divulgación científica y técnica acorde con los ideales de la Ilustración. Surgió en Madrid, impulsado por los ilustrados y a petición de Manuel Godoy, valido de Carlos IV, que portó el título de Príncipe de la Paz. En fin, esta publicación iba dirigida a los curas rurales para que desde sus púlpitos (bueno, desde su autoridad) practicaran también con estos contenidos la educación entre un pueblo mayoritariamente inculto y analfabeto, contenidos sobre agricultura, campo que desde el gobierno o desde el pensamiento ilustrado se trataba de modernizar en favor de la mejora económica y, por ende, la felicidad del pueblo y la abolición de la ignorancia que reinaba entre el vulgo. Felicidad y prosperidad eran los fines últimos de este tipo de pensamiento que se fue instaurando en la Europa de la época fomentado desde Francia principalmente. Os dejo con él. Os subrayo en negrita la parte que más nos incumbe. Mantengo la ortografía de la época.
Carta sobre el cultivo de las
vides
SEÑORES EDITORES: he visto el Semanario del jueves 27 de Julio de
1797, y habiendo leído con gusto lo que trae acerca de las viñas de Xerez, me
ha parecido muy bien el modo de cultivarlas, que es de podarlas, cabecearlas,
amugronarlas, y hacer inxertos; solo sí que para el inserto se deben observar
tres reglas:
primera, que sea en tiempo que la vid esté en savia:
segunda, que sea día templado, sereno ó húmedo, esto es que no sea en día de
ayre frío y seco:
tercera, y principal, que la corteza de la púa ó púas que se pongan en la vid,
ha de venir á parar con la misma corteza de dicha vid, pues en faltando alguna
de estas circunstancias se perdió todo el trabajo:
tengo insertos muchos, se me han perdido pocos, y he logrado en muchas cepas
tener uvas blancas y negras, y aunque he pretendido tener de tres géneros no lo
he podido lograr: es mi patria la Ciudad de Alcaraz; he plantado y cultivado
muchas viñas, y aunque es otra mi facultad, he sido curioso, en lo que he
andado, en ver las viñas, notando lo bueno y lo malo que hay en ellas: es mi
tierra muy mala, pero las gentes son las más apasionadas que he visto á viñas:
la tierra estéril, pero el fruto que se coge es el mejor para vino, comer y
colgar; todo esto es á fuerza de trabajo, porque las tierras no ayudan, y sin
embargo, el pobre que tiene viñas tiene que comer. Pero es lástima digna de
llorarse con gotas de sangre el ver en una buena tierra, una viña mal criada,
como he visto visto en el Provencio, las Pedroñeras, y otros pueblos de
aquellas inmediaciones que gozando de muy buenas tierras para viñas, dá
vergüenza llegar á verlas, pues tienen las vides cubiertas de tierra, y solo
les dexan fuera un sarmiento ó dos, como de tres palmos de largo, en donde
llevan el fruto, y éste descansa en la tierra, pudriéndose parte de él; de que
nace que ni las uvas se pueden comer, ni el vino se puede beber; y ¿qué diré
del reyno de Murcia (en donde hace años que resido) que habiendo visto las
viñas de Librilla, Alama, Totana, y otras en la Huerta, es un dolor ver las
tierras de las mas fértiles y abundantes de España? es cierto que las viñas
llevan mucho fruto, pero de mal comer, y el vino no se puede beber, teniendo
buenos viñedos: no causa todos estos perjuicios el terreno, sino el mal modo de
plantar, criar y cultivar las viñas: ¿quándo lograrán en esta tierra el racimo
de diez y siete libras, como los he visto en tierras estériles, como es la mia?
no digo que ha sido en viña, pero ha sido en parra: hay en esta tierra el mejor
terreno para parras que yo he visto, pues hay uvas dentro de esta Ciudad, y en
la Huerta que son los granos lo mismo que dátiles gordos, y no he visto un
racimo que pese cinco libras; y es el motivo que podan las parras dexándoles
muchas varas largas, y echan muchas uvas, y no les quitan ningun troncho porque
todos están cargados de fruto. Con el mucho bosque, ni cuajan bien cuando
ciernen, pues todas se quedan pequeñas; ni maduran bien, y jamás consiguen su
perfecta sazon; lo que lograrían si podáran las brocadas cortas y claras, y
cuando se ofreciera dexar una vara para que corriera, la fueran desyemando, de
suerte que no arrojára sino por la punta, y en llegando el tiempo las
descardáran bien: no echarian tantas uvas, pero las pocas, pesáran tanto ó mas
que las muchas, y pudieran llegar á perfecta sazon. Lo mismo digo de las viñas;
si las pusieran mas profundas, y diez pies distante una vid de otra; las
podáran curiosas, quitándoles los secos y escarzos, y no las adelantáran en los
primeros años, ni las regáran cuando tienen estas tierras humedad demasiada,
lograrian el que las viñas durasen mas; porque de treinta años ya están viejas:
descardándolas muy bien conseguirian el que se sazonase el fruto ; tendrian
buen comer las uvas ; el vino y el arrope fuera menos malo , y me atrevo á
decir que fuera bueno : si mis ocupaciones me diesen lugar , proseguiré
haciendo saber los motivos que causan los escarzos
en las vides , el modo de curarlos , y el de evitar parte de estos daños. Dios
guarde á Vms. muchos años.=
El maestro de la fábrica de lanas
de la Real Casa de Misericordia = Juan Antonio Martinez.



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