Leía yo estos días una antología de poesía escogida de autores españoles con nacimiento posterior a 1870 y me topé con un poemilla de José Mª Gabriel y Galán, el poeta que escribió los mejores versos utilizando el dialecto extremeño. En él se sirve, como motivo esencial, de un juego que muchos recordarán y otros ni conocerán, y que acorde está con este tiempo de amapolas. Nacen en esta época primaveral alfombrando nuestros campos, en iriales, lejíos, siembras y cunetas; nos alegran la mirada con su impetuoso y descocado color sanguinolento, que se adueña del paisaje por su casi irreal hermosura.
El juego, que comenté -junto a otros muchos- en ese libro titulado Folclore infantil de Las Pedroñeras (2014 ver índice de contenidos), no es otro que el de "¿Monja, fraile o chichiribaile?". Era un juego que consistía en adivinar el color de los pétalos de la amapola -aún sin abrir- en el interior de su capullo. Uno iba cortando esto capullos e iba haciendo la pregunta al compañero de juego: "Monja, fraile o chichiribaile?" Monja se correspondía con el color blanco, fraile con el rojo intenso y chichiribaile con el rosáceo. Abría uno el capullo sirviéndose de las yemas de los dedos índice y pulgar de ambas manos y se descubría el misterio, la respuesta correcta. Aunque no era algo matemático, solía pasar que los capullos más pequeños contenían una amapola aún monja, mientras que los más gordotes normalmente eran frailes, con el deslumbrante color rojo ya de la amapola a punto de desplegar su esplendor tras escapar de esa pequeña prisión.
Se conoce que era juego extendido y ya en su obra Cantos populares españoles (1882-83), Rodríguez Marín registra: "Fraile o monja / o capuchino que te coja". Nuestra variante se registra en el Atlas lingüístico y etnográfico de Castilla-La Mancha. Pero he comprobado, gracias a Internet, otras en distintos punto de nuestra geografía patria: "monja, fraile o titiritaile", "monja o fraile" (a secas, que es la que, se ve, se daba en la zona extremeña de Gabriel y Galán), "monja, fraile o titirifraile"...
Os dejo en compañía del florido poema de Gabriel y Galán, que lleva el título de "Idilio".
IDILIO
La pulida paverilla
-¡un capullo de amapola!-
huelga con el paverillo
en la linde de la hoja.
La pavada anda buscando
hormiguitas y langostas
en los cercanos baldíos,
que no tienen otra cosa.
Sentada está la pavera
del lindón sobre la alfombra,
y el pavero de rodillas,
como adoran los que adoran.
Ella ha juntado en el halda,
donde los tallos les corta,
un montón de bien cerrados
capullitos de amapola.
Sin romperlo, en sus dedillos
uno coge cuidadosa
y se lo muestra al muchacho
preguntando: "¿Fraile o monja?"
Y esperando se le queda
¡más picaresca y más mona!...
El capullo será fraile
si tiene rojas las hojas,
pero si las tiene blancas,
el capullo será monja.
Y estático el paverillo,
con ojazos interrogan,
contempla el misterio, y duda,
y se agita, y se emociona,
y mira luego a la niña
que lo apremia, que lo azora,
y lleno del hondo pánico
que presiente la derrota,
se lanza a dar la respuesta
como el que a morir se arroja.
Y apenas ha dicho: "¡Fraile!"
con la voz un poco ronca,
rompe la niña el capullo
y exclama entre risas: "¡Monja!"
Y apenas ha dicho el niño:
"¡Monja!", con voz temblorosa,
"¡Fraile!", le grita riéndose
la paverilla burlona...
¡Está más torpe el muchacho!
¡La niña tanto lo azora!...
¡Y luego, es tan misterioso
un capullo de amapola!...
¡Como que yo no diría
jamás ni fraile ni monja!...
Foto: Colorpix


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