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sábado, 20 de febrero de 2016

Las dos parejas pedroñeras hablan sobre la justicia en la capital y en el pueblo


por Fabián Castillo Molina 




La prensa y los medios han dicho: “Se trata de un caso increíble de lentitud, apatía, negligencia y mala praxis de los operadores jurídicos que han intervenido”, indica el letrado García Sierra. “Es incomprensible que este hombre haya pasado tanto tiempo en prisión por delitos que jamás cometió”. 

Las dos parejas amigas se hacen eco de esta noticia y lo que para ellos supone.


B: Esta semana el caso del holandés Romano van der Dussen, que ha salido libre después de cumplir 12 años de cárcel y que ha sido exculpado gracias a las pruebas de ADN, es algo que pienso nos debe hacer reflexionar sobre el mal funcionamiento de la justicia.

C. A mí este caso me ha recordado la dedicatoria de un libro que leímos hace unos años y que. Decía A todos los inocentes declarados culpables. Nos hizo pensar en los casos de personas condenadas a cumplir una condena por algún delito que no habían cometido. Debe de ser algo de lo más duro.

A: A mí tamién me ha llamao la atención el caso, cuando lo vi en la tele hablando al hombre, que es joven, para haberse tirao ya 12 años en chirona. Me impresionó lo que dijo de la muerte de su madre sin poder despedise de ella.

D: Yo, como madre que soy, no quiero ni pensar en lo que pasaría la pobre. Se murió pensando que su hijo era culpable. Ella han dicho que tenía un trauma desde muy joven, porque había sido víctima de una violación, y el ver a su hijo condenado por un delito igual, veinte años después y en otro país, eso no se lo perdonó. Este asunto de las violaciones y la violencia contra la mujer si que tiene miga y que no atinan a atajarlo.

B: Pero ¿os imagináis a una persona acusada y condenada por algo que no ha hecho, y que, además, cuando tres años después se sabe que es inocente, no le permiten salir libre y continúa presa 9 años más? Y todo por razones de burocracia y negligencia. ¡Qué injusticias españolas y británicas!

A: Es el recolmo, yo no  entiendo cómo la justicia puede funcionar tan malismamente  tantas veces y eso no lo solucionan. ¿Es tan difícil?

D: Ahora, por mucho que reclame esa persona al Estado daños y perjuicios, ¿cómo supera lo de saber que su madre se fue al otro mundo pensando que él era uno de esos indeseables, malditos a los que ella siempre odió?

A: Vosotros, que habréis leído el Quijote, y hablando de las cosas de la capital y del pueblo, este marrón de la justicia o mal funcionamiento de ella, me recordó el capítulo de Sancho haciendo de juez. Ya sabís cómo era Sancho, más de pueblo que los anapoles

B: ¡Venga, A, por favor!, por lo menos di amapolas. Y ¿cuándo has leído tú el Quijote?

A: Mira, B, tú deja a la gente hablar a su aire como los demás te dejamos hablar a ti. Ya tenemos edá para saber lo que decimos. El Quijote lo leí estando en la mili que tenía tiempo y luego lo he releído mucho, es mi libro de cabecera porque veo muchos aciertos y buen humor en él, además trae muchismas palabras  que  se dicen igualico que se hablan en Pedroñeras.

 B: Bueno pues cuenta el caso, porque es que yo no sé qué tiene que ver aquí Sancho. No recuerdo a lo que te refieres.

C: Sí, cuéntalo, cuéntalo.

A:Vale. lo voy a contar lo más aproximao posible y con el mayor respeto a las mujeres. No se interprete mal. Lo que quiero es que se vea lo rápido que a veces pueden aclarase las cosas y de manera justa. Fijaros con el tino que actúa Sancho siendo él tan manchego, tan de su pueblo.

D: Yo puedo aseguraros las veces que me da la vara con detalles del Quijote sin que en principio parezca que vienen muy a cuento, pero luego reconozgo que ya lo creo que aciertan.

A: Su señor Don Quijote, como Sancho le dice siempre a su caballero,  lo hace gobernador de la ínsula de Barataria que le tiene tanto tiempo prometía y  para probar su juicio y razón los mandamases del lugar lo ponen a prueba por unos días y uno de los casos que le presentan, es el de una mujer que viene a quejase de un hombre que se ha aprovechao de ella por la fuerza. Si es que me gustó tanto y lo he releído tantas veces  que casi lo tengo en la memoria palabra por palabra.

B: ¿No será para tanto no? Sé que tienes memoria pero

A: Acababan de terminar con un asunto de dinero entre dos hombres y entró en el juzgao una mujer cogía a un hombre con pinta de ganadero rico y ella dando voces decía:

            ¡Justicia, señor gobernador, justicia, y si no la hallo en la tierra, la iré a buscar al cielo! Señor gobernador de mi ánima: este mal hombre me ha cogido en la mitad dese campo, y se ha aprovechado de mi cuerpo como si fuera trapo mal lavado, y, ¡desdichada de mí!, me ha llevado lo que yo tenía guardado más de veinte y tres años ha, defendiéndolo de moros y cristianos, de naturales y extranjeros, y yo, siempre, dura como un alcornoque, conservándome entera como la salamanquesa en el fuego, o como la lana entre las zarzas, para que este buen hombre llegase ahora con sus manos limpias a manosearme.
            —Aún eso está por averiguar: si tiene limpias o no las manos este galándijo Sancho.
            Y volviéndose al hombre le dijo qué decía y respondía a la querella de aquella mujer. El cual, todo turbado, respondió:
            —Señores, yo soy un pobre ganadero de ganado de cerda, y esta mañana salía desde el lugar de vender, con perdón sea dicho, cuatro puercos, que me llevaron de alcabalas y socaliñas poco menos de lo que ellos valían; volvíame a mi aldea, topé en el camino con esta buena dueña, y el diablo que todo lo añasca y todo lo cuece, hizo que yogásemos juntos; paguéle lo suficiente, y ella mal contenta, asió de mí, y no me ha dejado hasta traerme a este puesto. Dice que la forcé, y miente, para el juramento que hago y pienso hacer, y esta es toda la verdad, sin faltar meaja.
            Entonces, el gobernador le preguntó si traía algún dinero en plata; él dijo que hasta veinte ducados tenía en el seno, en una bolsa de cuero. Mandó que la sacase y se la entregase, así como estaba, a la querellante; él lo hizo temblando; tomóla la mujer, y haciendo mil zalemas a todos y rogando a Dios por la vida y salud del señor gobernador, que así miraba por las huérfanas menesterosas y doncellas; y con esto se salió del juzgado, llevando la bolsa asida con entrambas manos; aunque primero miró si era de plata la moneda que llevaba dentro.
            Apenas salió, cuando Sancho dijo al ganadero, que ya se le saltaban las lágrimas, y los ojos y el corazón se iban tras su bolsa:
            —Buen hombre, id tras aquella mujer, y quitadle la bolsa, aunque no quiera, y volved aquí con ella.
            Y no lo dijo a tonto ni a sordo; porque luego partió como un rayo y fue a lo que se le mandaba. Todos los presentes estaban suspensos, esperando el fin de aquel pleito, y de allí a poco volvieron el hombre y la mujer más asidos y aferrados que la vez primera, ella la saya levantada y en el regazo puesta la bolsa, y el hombre pugnando por quitársela; mas no era posible, según la mujer la defendía, la cual daba voces diciendo:
            —¡Justicia de Dios y del mundo! Mire vuestra merced, señor gobernador, la poca vergüenza y el poco temor deste desalmado, que en mitad del poblado y en mitad de la calle, me ha querido quitar la bolsa que vuesa merced mandó darme.
            —Y, ¿háosla quitado? preguntó el gobernador.
            —¿Cómo quitar? respondió la mujer. Antes me dejara yo quitar la vida que me quiten la bolsa. ¡Bonita es la niña! Otros gatos me han de echar a las barbas, que no este desventurado y asqueroso! ¡Tenazas y martilloss, mazos y escoplos no serán bastantes a sacármela de las uñas, ni aun garras de leones: antes el ánima de mitad en mitad de las carnes!
            —Ella tiene razón dijo el hombre, y yo me doy por rendido y sin fuerzas, y confieso que las mías no son bastantes para quitársela, y déjola.
            Entonces el gobernador dijo a la mujer:
            —Mostrad, honrada y valiente, esa bolsa.
            Ella se la dio luego, y el gobernador se la volvió al hombre, y dijo a la esforzada y no forzada:
            —Hermana mía, si el mismo aliento y valor que habéis mostrado para defender esta bolsa la mostrárades, y aun la mitad menos, para defender vuestro cuerpo, las fuerzas de Hércules no os hicieran fuerza. Andad con Dios, y mucho de enhoramala, y no paréis en toda la ínsula ni en seis leguas a la redonda, so pena de doscientos azotes. ¡Andad luego, digo, churrilera, desvergonzada y embaidora!
            Espantóse la mujer y fue cabizbaja y mal contenta, y el gobernador dijo al hombre:
            —Buen hombre, andad con Dios a vuestro lugar con vuestro dinero, y de aquí adelante, si no le queréis perder, procurad que no os venga en voluntad de yogar con nadie.
            El hombre le dio las gracias lo peor que supo, y fuese, y los circunstantes quedaron admirados de nuevo de los juicios y sentencias de su nuevo gobernador. Todo lo cual, notado de su coronista, fue luego escrito al duque, que con gran deseo lo estaba esperando.


            Y esa  es la historia que tantas veces he leído y repasado y que demuestra lo rápido que a veces puede hacerse justicia sin grandes medios ni atalajes.

B: ¡Vaya historia que tenías guardada! La verdad, tengo que decirte que algo recordaba de ella, pero ni remotamente pensaba que podía ser tan redonda ni divertida.

C: Y a mí, como mujer, tengo que decir que veo un punto en contra nuestra, porque en definitiva la mujer ahí es la mala,  ahora que a pesar de todo, en su contexto y para demostrar lo que pretendías, sin duda es un buen ejemplo.

A: Hombre, yo creo que hay que tener en cuenta, que la protagonista y la musa de Don Quijote siempre es su  Dulcinea del Toboso, y es una mujer.

D: Ya os dije yo que este hombre es muy del Quijote y Sancho, eso son sus glorias, el fútbol no le tira mucho ni la partida, pero leer lee, y mientras lee está en silencio y no molesta a nadie.


Continuará o no continuará...


Libros de Fabián Castillo Molina

Al pueblo (poesía) y La Culpa (novela)



 

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